Una Rosa Con Cualquier Otro Nombre

Editor’s note: This article first appeared in Midwifery Today, Issue 40, Winter 1996.
de: Midwifery Today número 40, edición Invierno 1996.
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Traducido por Naolí Vinaver. Febrero 1997.

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Existe una batalla actualmente, por el alma misma de la partería. Simplemente porque llamemos al trabajo que hacemos “partería”, no implica que éso sea lo que estamos haciendo. Puedo poner una espina de hierro en una base de cristal y llamarla una rosa; eso no significa que esa sea su identidad verdadera. Los cimientos para el futuro de la partería—o la falta de una profesión de partería reconocible—está siendo fabricada en éstos momentos. Personalmente escogemos en qué lado de la línea vamos a caer: Vas a ser una partera, protectora del parto normal, o una proveedora de salud que se apoya en la medicina y en la tecnología (incluído el reloj) para dirigir a las parturientas y a sus bebés? ¿Puedes mirar dentro de tu propia alma y conciencia al final de tu día y decir, “Serví y ayudé a regreserles su poder a las mujeres en su proceso de dar a luz”, ó admites, “Serví al establecimiento médico”? ¿Trabajas en la manera de la partería animando, aconsejando, e impartiendo información precisa? ¿Comprendes la belleza completa pero precaria (una palabra equivocada ó un inuendo destructivo pueden hacer daños irreparables), del embarazo y el nacimiento?

Con el paso del tiempo y conforme la tecnología nos seduce más y más, y mientras mujeres jóvenes continúen estando desinformadas y mal-informadas, algunas parteras van en aumento de acuerdo con dejar ir el modelo de la partería, basado en estar-con-la-mujer; el cual exige que tomemos de nuestro tiempo, que demos atención, y usemos el amor y la compasión. La educación y la investigación te dan un buen cimiento, pero no abandones tu intuición y tu corazón. La tecnología está allí para asistirnos cuando es verdaderamente necesaria, y gracias a la vida por ello, pero [la tecnología] no tiene porqué entrometerse en nuestra práctica de trabajo y substituir a nuestras habilidades femeninas y humanas.

El modelo médico es deshonesto. Lo hemos adoptado, no porque sea ético ni justo, pero porque seguimos tratando de darle gusto a los hombres que se encuentran en el poder. Pensamos que al hacernos aceptables a sus ojos, nos escarvamos un nicho propio dentro del sistema de salud. Vamos a ser tan buenas como ellos para que nos den empleo. Dejamos ir a la verdad, que dice que aprendemos principalmente de las mujeres embarazadas y de las parturientas, de sus bebés y de otras parteras; por la mentira del modelo médico que cambia constantemente, donde el ego reina, y donde la compasión toma el asiento trasero. A fin de cuentas, estamos sacrificando a las mujeres y a sus bebés; estamos sacrificando a la partería.

¿Qué sucede con las pocas [parteras] que no están dispuestas a ceder?

Se les acusa de herejes por no hacer reverencia al dios de la tecnología médica! Se les quema al pie de un árbol por su verdad. En el estado de Nueva York las están acabando. En Australia, mi amiga Maggie está siendo procesada. En el Reino Unido se les niegan los seguros o sus pagos. En muchas partes del resto de Europa, ellas no tiene mucho chance ni de comenzar. Las mejores [de las parteras] son forzadas a dejar de ejercer su práctica. El gobierno canadiense ha forzado a las mujeres Inuit a ser evacuadas lejos de sus familias y comunidades, volando varias horas hacia el sur para tener a sus bebés en hospitales de estilo occidental.

Solamente una comunidad Inuit ha luchado exitosamente para recobrar su derecho de parir en su casa, en su propia cultura, con parteras de su propia comunidad.

En los Estados Unidos, la cultura blanca, occidental dominante aniquiló a los guardianes de éste territorio, a los nativos americanos y a los mexicanos. Cuando solamente quedaban algunos individuos de éstas grandes naciones indias, los blancos dominantes, la cultura occidental terminó de matar masacrando sus culturas y trabajando en “rehabilitar” sus pocas tradiciones restantes.

¿Suena conocido? Me recuerda a lo que está sucediendo con la partería y el nacimiento. La cultura masculina médica potente, dominante, y poderosa económicamente, está trabajando rudamente para aniquilar lo poco que queda de nuestras maneras femeninas de saber y de parir.

Utilizan instrumentos y palabras brillantes para cegarnos de nuestra propia sabiduría. Separan a las mujeres de sus familias y culturas comunitarias y las forzan a parir dentro del paradigma médico. Muchas de las proveedoras de salud que se resisten valientemente son arrestadas y procesadas legalmente.

Las parteras que practican la partería real son las agentes del cambio; son una amenaza para el alma del modelo médico porque hablan la verdad sobre las mujeres y los bebés, y tratan de no doblegarse a cambio de una licencia para trabajar, o por un pedazo del pastel. Ellas convencen a las mujeres de que sí pueden parir, dar pecho y ser madres para sus hijos en contra de todas las fuerzas negativas de la sociedad. Y los resultados de su atención en el parto y en los cuidados de postparto no pueden ser comparados en cuanto a satisfacción familiar y a seguridad.

¿Así es que, hacia dónde te diriges con la educación y práctica medicalizadas? ¿Es tu práctica una espina de hierro, a la que llamas una rosa, ó es realmente una rosa? Para caber dentro del modelo médico se tiene que ser su agente. Elridge Cleaver una vez dijo: “Tú eres, ó parte del problema, ó parte de la solución”. Si ya estás trabajando dentro del sistema del parto medicalizado, bien! Lucha dentro de él para corregirlo. Insiste en encontrar maneras de servir a las mujeres desde donde estás. Avanza un paso más adelante y apoya a tus hermanas que están en la línea del fuego para todas nosotras. Si no trabajas dentro de la esfera médica, continúa haciendo tu buen trabajo y sé cuidadosa de no caer dentro de la sutíl y seductora trampa de la intervención médica. Manténte firme a lo que estás. Y recordemos siempre lo que la partería realmente significa: “Con la Mujer”.

About Author: Jan Tritten

Jan Tritten is the founder, editor, and mother of Midwifery Today magazine and conferences. Her love for and study of midwifery sprang from the beautiful homebirth of her second daughter—after a disappointing, medicalized first birth in the hospital. After giving birth at home, she kept studying birth books because, “she thought there was something more here.” She became a homebirth midwife in 1977 and continued helping moms who wanted a better birth experience. Jan started Midwifery Today in 1986 to spread the good word about midwifery care, using her experience to guide editorial and conferences. Her mission is to make loving midwifery care the norm for birthing women and their babies in the United States and around the world. Meet Jan at our conferences around the world!

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